Fases del entrenamiento

   El ejercicio supone un estrés para nuestro organismo, por lo que el entrenamiento debe proyectarse como una progresión. Cuando iniciamos un plan de entrenamiento o empezamos a practicar un deporte, tenemos unos objetivos marcados y para los que usamos diferentes motivaciones. Los objetivos pueden ser múltiples, ya que cada persona llega al deporte y al ejercicio en un momento determinado de su vida. Pues bien, tienes que ser consciente de que el objetivo lo conseguirás siendo constante, aprovechando tus instantes de fortaleza, aquellos en los que te sientes más fuerte, con más motivación y, en los momentos de debilidad, debes sentirte capaz de conseguirlo. Éstos serán muchos, puesto que el deporte supone sacrificio, fuerza de voluntad y fortaleza mental para vencer la pereza, la desilusión o el desánimo ante la aparente falta de resultados.

 

   El ejercicio debe ser progresivo, puesto que las adaptaciones que genera hacer ejercicio son muchas, tanto físicas como mentales. Físicamente tu cuerpo necesita una intensidad moderada los primeros días, la aparición de agujetas casi es inevitable, ya que éstas son una respuesta de nuestro cuerpo ante el estrés del deporte (hay muchas teorías sobre lo que son, cómo aparecen y qué suponen las agujetas). Una persona tanto entrenada como una que se inicie en la práctica deportiva va a poder entrenar a una alta intensidad desde el primer día, debido a que nuestro cuerpo es capaz de generar una gran cantidad de energía y utilizarla para producir el movimiento que le estamos solicitando. Sin embargo, si desde el primer día la intensidad es demasiado elevada, no habremos transitado por la adaptación mental que supone hacer ejercicio. Este factor es determinante en la consecución de nuestros objetivos, puesto que si desde el primer momento mi entrenamiento es de muy alta intensidad, al día siguiente estaré muy cansando físicamente y aparecerá la pereza y el desánimo, por lo que no acudiré a mi centro deportivo, no asistiré a esa actividad que tanto me gusta o no podré salir de nuevo a correr por el parque con mi grupo de carrera.

 

   ¿Cuánto más intenso entrene más rápidamente conseguiré mi objetivo? Ante esta pregunta habría muchas formas de contestarla. En otra ocasión hablaré sobre las diferentes formas de entrenamientos, desde los entrenamientos de descarga hasta los entrenamientos interválicos o metabólicos. Ahora contestaré a esta pregunta desde una perspectiva más inicial. Cuando me planteo un objetivo, necesito establecer las fases en las que se divide ese gran objetivo, objetivos menores con fechas o marcas para ir comprobando si estoy yendo en el buen camino hacia mi objetivo final. Si acelero el proceso, puede que en el camino me haya saltado algún paso intermedio que haga que no llegue a mi objetivo de la forma más adecuada.

 

   Los resultados no aparecen, ¿qué pasa? Tienes que tener en cuenta que a la hora de establecer tus objetivos, éstos han de ser realistas y ser honesto contigo mismo, planteándote preguntas como: ¿a qué me comprometo yo para llegar a mi objetivo? o ¿qué estoy dispuesto a hacer para alcanzarlo? o ¿conozco las diferentes opciones para conseguirlo? o ¿qué necesito en mi camino hacia la meta? Son preguntas esenciales, ya que si mi objetivo no está bien definido ni estructurado o planteado, puede ser por varios motivos, o bien es irrealizable de momento o realmente no era ese mi objetivo final. Esto producirá una frustración y el desánimo llegará a ti siendo una consecuencia el abandono de la práctica deportiva. El proceso de adaptación tiene muchas fases, algunas de las cuales seguro que ya las has vivido, sentido, experimentado e, incluso, superado. El inicio de todo nace cuando piensas que hay algo que debe cambiar en tu rutina diaria y ese es el momento en el que debes plantearte los objetivos, ¿para qué voy a acudir a una instalación deportiva? Es la fase fundamental del entrenamiento, de búsqueda de objetivos y motivación, de saber lo que quieres conseguir y plantearte si conoces cómo vas a hacerlo o si necesitas que alguien te guíe en ese proceso. Una vez proyectado esto, llegamos a las diferentes fases.

 

 

   La primera fase al iniciar un entrenamiento es una mezcla de euforia y temor (algo sobre lo que ya hablé en una ocasión en la entrada “¿es el deporte algo más que deporte?). Euforia por empezar algo en lo que has puesto tu energía y tu motivación inicial y el temor ante lo desconocido (si nunca antes has estado en un gimnasio o has acudido a clases colectivas, el primer impacto es el de pensar: “qué hago yo aquí!”). Esta fase se supera a los pocos días cuando vas encontrando tu sitio tanto en tu instalación como con la gente que también acude a ella. Vas probando diferentes actividades hasta que encuentras las que más te gustan o con las que más cómodo te encuentras.

 

 

   La segunda fase engloba la primera, es aquella fase en la que llevas unas semanas en el gimnasio y no notas demasiados resultados. Las adaptaciones que se producen en esta fase, que suele ocupar desde el inicio hasta pasadas unas 3 ó 4 semanas, son internas. Es decir, en esas primeras semanas, lo que está pasando dentro de tu organismo es que éste se está empezando a regular, notarás que duermes mejor, puede que estés alegre y motivado por acudir a tus clases favoritas y notas cómo en esas clases o en el gimnasio tienes más resistencia, vas pudiendo levantar algo más de peso y ya no te cansas tanto como al principio. Las agujetas han desaparecido y, tras tu sesión de entrenamiento, notas un cúmulo de sensaciones agradables que te animan a continuar.

 

   La tercera fase es en la que al no tener resultados visibles puede aparecer el desánimo. Es esta fase la más crítica en cuanto a la práctica deportiva, se sitúa entre los 2 y los 3 meses desde el inicio. Es en este momento cuando tienes que recordar aquellas preguntas que te hiciste al inicio para saber cuál es tu objetivo y qué estás dispuesto a hacer. Practicar un deporte, acudir a una clase de spinning, por ejemplo, o entrenar en la sala de un gimnasio son acciones que requieren de una motivación interior clara y una toma de conciencia por tu parte para ser consciente que alcanzar tu objetivo supondrá un largo camino y, sobre todo, que al llegar a él habrá merecido la pena, sintiéndote orgulloso por haberlo hecho posible y felicitándote por ello. La mayoría de las bajas en una instalación deportiva se producen dentro de esta fase. Si eres capaz de superarla, estarás más cerca de tu objetivo, estarás más cerca de sentirte como realmente deseas.

 

   La última fase es aquella en la que tienes claro tu objetivo, los diferentes caminos que puedes seguir hasta llegar a él y te sabes capaz de alcanzarlo porque eres consciente de lo que supone hacer deporte y ya te conoces mejor, por lo que ya solo es cuestión de tiempo que lo hagas realidad. En esta fase todos los caminos son posibles; recuerda estás aprendiendo y en ese aprendizaje no hay camino ni bueno ni malo, sino que has de encontrar el que para ti sea el más adecuado.

 

 

   ¿En qué fase estás tu? Porque ese proceso siempre merecerá la pena, tu eliges tu camino, sigue adelante!

Escribir comentario

Comentarios: 0