Estoy lesionado y, ¿ahora qué?

   Las lesiones normalmente suelen suponer un parón en tu vida tanto deportiva como personal. Lo ideal sería entrenar de tal forma que no hubiera lesiones, ya que uno de los objetivos del entrenamiento es el de cuidar tu cuerpo para que funcione lo mejor posible durante el mayor tiempo posible. Aun así, la lesión es un factor que entra dentro de lo posible, puesto que en muchas ocasiones exigimos a nuestro cuerpo intensidades que suponen un riesgo, aunque sea mínimo, que desemboque en una lesión.


   La lesión suele ser un síntoma de que algo en nuestro cuerpo está funcionando de forma incorrecta y es la manera que tiene nuestro sistema de comunicarse con nosotros para avisarnos sobre algo y que pongamos atención a lo que nos está queriendo decir. Escucha a tu cuerpo y dedícate tiempo para cuidarte.


Una vez que la lesión se ha presentado habría que tener en cuenta varios factores:


   · Identificar la lesión. ¿Qué tengo? Es la pregunta fundamental y a partir de la cual se podrán tomar las decisiones oportunas. Para ello es muy importante acudir a un especialista, ya sea médico o fisioterapeuta para que diagnostiquen la lesión y, con ese diagnóstico, efectuar las pruebas necesarias para, dependiendo del grado de gravedad de la lesión, pautar los pasos a seguir. Sin un diagnóstico preciso, la recuperación no llegará a ser completa ni efectiva.


   · Identificar el motivo que ha generado dicha lesión. ¿Qué ha pasado para que me haya lesionado? En este apartado me refiero sobre todo a lesiones como roturas fibrilares, esguinces, sobrecargas musculares, contracturas... Si la lesión se debe a una rotura de un hueso por un traumatismo o un accidente, la respuesta es evidente. En cualquier caso, identificar esas causas te ayudará a mejorar tu entrenamiento, a corregirlo o a potenciar diferentes aspectos en los que deberás poner tu atención. Algunos ejemplos para este apartado serían: si la lesión es muscular por rotura de fibras o sobrecarga, puede ser un indicativo de que el grupo muscular dañado ha trabajo en exceso, no está bien nutrido e irrigado (la alimentación y la hidratación son fundamentales para un correcto funcionamiento de nuestro sistema), de una forma en la que no le correspondía o ha sido expuesto a un estrés mayor del que podía soportar, por lo que la recuperación irá encaminada a fortalecer ese grupo y esas fibras, potenciando, a su vez, el grupo muscular antagonista (un cuadriceps fuerte con un isquiotibial débil generará una descompensación que supondrá un riesgo de lesión más alto que si ambas zonas estás potenciadas por igual; del mismo modo que problemas en la zona lumbar se deben a un debilitamiento de la zona abdominal que dan como resultado una posible lumbalgia; una de las causas de la osteopatía de pubis es un debilitamiento de la musculatura profunda del abdomen ayudada por un potente trabajo repetitivo de cuadriceps; y, como último ejemplo, la fascitis plantar, una lesión bastante recurrente en este momento por el auge del running, se ve favorecida por una pisada que no se ajusta a la plantilla de la zapatilla, además de por una técnica de carrera incorrecta que produce compensaciones en las diferentes articulaciones implicadas, desde la cadera, la rodilla y el tobillo y que se exterioriza a través de la planta del pie, que es la que recibe el impacto de la pisada). Si conozco la causa, puedo actuar sobre el problema y así encontrar la solución.


   · Planificar el trabajo de readaptación para tratar, recuperar y superar la lesión. ¿Qué puedo hacer?, ¿cómo puedo hacerlo?, ¿cuándo o con qué frecuencia puedo hacerlo?. ¿dónde puedo hacerlo? y ¿con quién puedo hacerlo?. Son las preguntas básicas a la hora de plantear la recuperación. Aquí nuevamente pongo el foco en buscar ayuda de un profesional, ya sea fisioterapeuta, médico o, sobre todo, un entrenador. Lo ideal sería que se produjera un trabajo multidisciplinar, puesto que de esa manera, todos contribuirían a la recuperación y todos aportarían sus puntos de vista. El médico es el más indicado para hacer el diagnóstico, puesto que tiene los medios para realizar las pruebas necesarias y, con ellas, identificar el problema. El fisioterapeuta es la persona más preparada para indicar cuáles son los pasos a seguir, ya que su conocimiento sobre la anatomía, rangos de movimientos, acortamientos musculares o lesiones es muy alta. Y el entrenador es la persona que conjuga las dos partes anteriores, puesto que es el prescriptor de los ejercicios que favorecen la recuperación y readaptación de la lesión diagnosticada por el médico, tratada por el fisio y puesta en movimiento por el entrenador. Recuerda que es tu salud, tu cuerpo el que está dañado, por lo que permítete poner todos los medios a tu alcance (sean los que sean, no pienses que la lesión se recuperará sola, tu cuerpo buscará la forma de repararse, pero hará lo que pueda con lo que tenga, por lo que si no le ayudas, solo habrá sido un parche, ¿cuántas veces has oído decir que un esguince mal curado es un esguince continuado?, y eso con solo un esguince, si la lesión es mayor o más grave, los resultados de no tratarla pueden ser un lastre para ti en el futuro) para superar esa lesión, ya que en muchos casos, una lesión no solo condiciona tu vida deportiva, sino y lo que es más importante, tu vida personal. ¿Cuánto vale tu bienestar? Ten en cuenta que el resto de tu vida la vas a pasar en el futuro, por lo que cuanto mejor cuides a tu cuerpo, mejor vivirás ese futuro.


   · El último factor que sería importante indicar es el emocional. Una lesión supone un cúmulo de emociones que van desde la tristeza por no poder seguir compitiendo (en el caso de que la lesión haya sido durante un entrenamiento o torneo, sea de la índole que sea), hasta la rabia, la frustración o el miedo de pensar en cómo saldrás de la recuperación y cuándo te sentirás recuperado. Una vez que la lesión se produce, se suceden varias etapas emocionales: 

     · Dolor, que más que emocional es físico, si la lesión es dolorosa y, normalmente lo son, aunque el dolor físico es muy subjetivo y depende de cada persona. El dolor físico puede prolongarse en el tiempo, ya que dependiendo del tipo de lesión, la cura puede tardar en hacer su efecto, incluso, puede que ese dolor físico se mantenga durante la recuperación y sea generador o alimente las demás emociones. Nuevamente pongo la atención en que escuches a tu cuerpo para tratar de identificar qué es lo que te está queriendo decir con ese dolor físico.


   · Tristeza, por no poder continuar en el juego si estabas compitiendo o por no poder seguir entrenando para alcanzar tus objetivos. La tristeza es una emoción que sentirás durante un tiempo, el que consideres oportuno y que sea útil para ti, cuando creas que ya no te aporta nada, sigue adelante (los deportistas de élite suele escenificar este momento de tristeza nada más lesionarse, con un gesto o una mirada y nada más conocer el alcance de la lesión, ya están pensando en los pasos a seguir para recuperarse).


   · Rabia, esta emoción es tremendamente positiva, ya que es desde la rabia desde donde nace el cambio. Sientes rabia por la situación en la que estás tras la lesión y quieres superarla, por lo que puedes utilizarla para automotivarte en tu recuperación, es una emoción muy poderosa, utilízala en para crecer.


   · Frustración, es la emoción que puede combinar la tristeza y la rabia y puede aparecer en momentos intermedios de la recuperación, tristeza de sentir que no avanzas en la recuperación o que te queda un largo camino por delante y rabia porque sigues sin poder hacer aquello que te gusta de la forma en la que te sientes satisfecho (ya sea un deporte o en tu vida personal). El camino puede ser largo (hay recuperaciones que duran meses), por lo que suele ser muy útil marcarse metas intermedias que te ayudarán en tu motivación.


   · Desconfianza, recuperar la confianza en tu zona lesionada o en situaciones de juego (hablando de un deporte) o en situaciones de tu vida diaria, es uno de los elementos más importantes. Date tiempo para volver a sentir esa confianza (en tu pierna al contacto con el balón, en tu muñeca al lanzar a canasta, en tu espalda en los giros de columna...). En esto es muy importante una buena readaptación a tu deporte o a tu vida, un buen plan de acción supervisado por profesionales preparados para ayudarte. Recuerda que una recuperación es como volver a aprender todo lo que ya sabías, solo que ahora tienes una ventaja, gracias a la lesión ya sabes todo lo que tienes que mejorar, corregir o potenciar.


   · Miedo, esta emoción aparecerá en varios momentos, primero al inicio de la lesión por el pensamiento ante la pregunta ¿qué voy a hacer ahora?. Una lesión es un corte en tu entrenamiento y, posiblemente, una limitación en tu vida personal, pues, en algunos casos te impide hacer aquellas cosas que más te gustan. En siguiente momento en el que puede que aparezca ese miedo sería al volver a entrenar, competir o simplemente rehacer tu vida diaria y respondería a la pregunta, ¿y si me vuelvo a lesionar?. Convierte ese miedo en algo positivo, pues de esta forma pondrás tu atención en seguir cuidándote y entrenando para mantenerte esa concentración que necesitas, confiando en ti y en el trabajo de readaptación que has estado haciendo durante la recuperación.


   · Alegría, por último esta sería la emoción que sentirías al volver a competir, sabiendo que la lesión ya está superada, que confías tanto en la zona recuperada como en el trabajo que has hecho y añadiendo que durante ese proceso te has conocido mejor en todos los planos, tanto física (ahora ya sabes cómo entrenar para potenciar aquello que necesitas), como mental (ahora ya te sabes y te sientes capaz de superar momentos difíciles) como emocionalmente (ahora ya sabes identificar y gestionar las emociones ante situaciones de tu vida, deportiva y personal, ya que la lesión- en este caso hablamos de lesiones que es a lo que se refiere este artículo, aunque puede que pudieras extrapolarlo a otros aspectos de tu vida- influye en todas las capas de tu vida). Llegado ese momento de alegría, disfruta de las sensaciones y fíjate en todo lo que has conseguido y sentido durante todo el camino que culminas cuando, de nuevo, puedes practicar tu deporte favorito o vuelves a vivir tu vida personal en plenitud.


   Con todo, una lesión puede ser una oportunidad para conocerte mejor, ¿de qué eres capaz cuando te encuentras un obstáculo?

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