Definiendo objetivos.

   Una vez que has decidido iniciar este viaje por tu árbol de los deseos (¿ya has empezado a dibujar tu árbol?), el primer paso es establecer el objetivo en el que te vas a centrar.

 

   En una entrada anterior ya hablé sobre los requisitos que ha de tener un objetivo para poder trabajar con él (si quieres leerlo, puedes pinchar en el siguiente enlace http://bit.ly/1wHzjlM). Por ello, en esta ocasión me centraré en otras particularidades de lo que supone establecer objetivos.

 

   Al comenzar el año aparecen los buenos propósitos, hacemos planes sobre lo que queremos conseguir cada año. Muchos de esos planes se quedan a la mitad o los abandonamos, pero si realmente quieres llevarlos hasta el final, es importante que tengas presentes las siguiente premisas:

 

   · Focalización. La focalización te servirá para establecer uno o dos grandes objetivos con los que quieras trabajar. Focalizar es poner toda tu atención y tu energía en eso a lo que te quieres dedicar hasta alcanzarlo. Generalmente al inicio de cada año, hacemos muchos planes para lo que queremos conseguir durante el año; sin embargo, muchos de esos planes los abandonamos a lo largo de los meses y eso supone una gran pérdida de energía que nos debilita en nuestro camino hacia el resto de objetivos. Así pues, si consigues focalizar toda tu energía en uno o dos grandes objetivos (independientemente de que tengas objetivos menores, no en importancia, sino en la energía requerida), habrás obtenido una gran ventaja para encarar con mayor eficacia todos tus retos. Aquello en lo que te focalizas, es aquello que se expande.

 

   · ¿De dónde nace tu objetivo? Al plantearte un objetivo, éste puede nacer desde dos puntos de partida: uno es desde el amor y otro es desde el miedo. Si tu objetivo nace desde el miedo, lo que estarás planteando es alejarte de algo que no quieres (si estás en un proceso de coaching y no sabes lo que quieres, pero sí que sabes lo que no quieres, es un punto de partida desde el que iniciar los cambios, pero como planteamiento de objetivos, es más efectivo que nazca desde el amor), con lo que la formulación del objetivo perdería uno de sus requisitos fundamentales y es que esté formulado en positivo. Sin embargo, si nace desde el amor, que sea algo que realmente quieres conseguir, entonces aparecerá esa focalización, concentrando toda tu energía en poner lo mejor de ti. En este caso, la motivación, es decir, aquello que te mueve para conseguir lo que buscas será tan potente que harás todo lo que dependa de ti para llegar a ello y nacerá desde la parte más profunda de ti y, cuando algo te nace desde el corazón, pones todo tu empeño y tu dedicación. Consigues la excelencia.

 

   · El lenguaje estructura el pensamiento. Nuestras creencias, aptitudes, actitudes, habilidades, recursos y, sobre todo nuestros pensamientos, están estructurados por el lenguaje. Así como organicemos este apartado, obtendremos unos resultados u otros. En lo que respecta a un objetivo, caben tres posibilidades: querer conseguir algo; deber conseguir algo; tener que conseguir algo. En los tres casos, plantearé un objetivo y, poniendo como ejemplo uno de los buenos propósitos más extendidos con el inicio del año sería, "quiero hacer ejercicio",  "debo hacer ejercicio" o "tengo que hacer ejercicio". En los tres, el objetivo es el mismo; sin embargo, la forma en la que establezco mi lenguaje para que mi neurología me ayude, es totalmente distinta. En los tres, me estoy programando neurólogicamente para mi objetivo, pero con los dos últimos, estoy creando una sensación de obligación, es decir, ese lenguaje me lleva a plantear el objetivo desde el miedo. En el primer caso, "quiero hacer ejercicio", mi neurología lo interpreta como una elección propia y voluntaria, nace desde el amor y toda mi energía se empezará a focalizar en lo que mi lenguaje empieza a crear (el lenguaje puede ser magia blanca o magia negra, tu decides). A partir de aquí, la forma en la que me hable y cómo lo haga, cómo me motive o me sabotee a mi mismo, generarán resultados muy distintos (esto es lo que se llamaría diálogo interior).

 

   · Planteamiento de metas de proceso y metas de objetivo. Recursos. Un objetivo, sea del tipo que sea, tendrá metas intermedias que te servirán para ir comprobando en qué parte del camino estás y de si el plan de acción que planteas es el adecuado o si es necesario modificarlo, ampliarlo o mantenerlo. Estas metas intermedias son las metas de proceso, son las que ayudan a que el objetivo sea medible y tangible, además de un aporte de motivación y señal de que estás en el camino que es mejor para ti. Y luego estarán las metas de objetivo, es decir, la consecución misma del objetivo. Estas metas de objetivo son el fin último del plan de acción, aunque también pueden establecerse modificaciones, puesto que en muchas ocasiones, emprenderás objetivos cuyo resultado final puede que, en alguna o varias partes, no dependan directamente de ti, así pues, tus metas de proceso serán sobre aquellas partes que sí depende totalmente de ti o en las que puedes influir y la meta de objetivo tendrá que recalcularse y valorarse desde todos los aspectos, los que dependen de ti y los que no. Este establecimiento de metas supone una toma de conciencia de la responsabilidad que cada uno tiene respecto de su objetivo.

 

   · Desvincúlate del resultado. Actúa y déjalo ir. Este apartado enlaza directamente con el anterior, puesto que en ese objetivo habrá ciertos aspectos que no dependerán de ti, desvincularse del resultado te liberará de la necesidad de conseguirlo. Esta última premisa resume todas las demás, ya que cuando actúas sin que haya necesidad por tu objetivo, sino fluyendo, consigues que todos tus recursos, habilidades y capacidades saquen lo mejor de ti y, con ello, lo que eres, lo que haces, lo que dices, lo que piensas y lo que sientes, se alinea para llevarte hasta el punto en el que deseas estar (la congruencia es la base del camino).  Tu objetivo es importante para ti y, por eso quieres conseguirlo; sin embargo, el desapego al resultado hará que te focalices en las acciones que quieres tomar, en los cambios que quieres introducir y modificarás tu lenguaje respecto de tu objetivo. Actúa para conseguir lo que quieres, actúa como si ya lo hubieras conseguido, déjalo ir y empezarás a fluir hasta alcanzar el resultado más óptimo. 

 

   Para finalizar esta primera parada de tu viaje, te invito a que, durante estos días hasta el siguiente post, establezcas tu objetivo (según los requisitos fundamentales). Analiza desde dónde nace y, como reflexión, te lanzo la siguiente pregunta ¿qué va a suponer para ti alcanzarlo?.

 

¡Te espero en la siguiente entrada del blog!

daniferran@gmail.com

 

 

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