¿Puede el ejercicio contrarrestar una alimentación desajustada?

   Tras la Segunda Guerra Mundial, la industria alimenticia cambió el sistema de producción de alimentos. Después de una época de carestía, esa industria empezó a elaborar alimentos con un exceso de hidratos procesados y fáciles de producir

 

   A ese cambio, se unió además, una nueva forma de acceder a los alimentos, que era más fácil y rápida. Proliferaron los ultramarinos y, más recientemente, los supermercados o grandes almacenes en los que los estantes estaban llenos de alimentos a precios relativamente asequibles.

   En este contexto, en los años 70 del siglo pasado, aparecieron algunos estudios que relacionaban obesidad y sedentarismo y salud con ejercicio físico. 

 

   Así, Kenneth Kooper (Universidad de Oklahoma; su estudio puede encontrarse en internet) elaboró un estudio en los años 70 del siglo XX, que desembocó en su libro "Aerobics" en el que vinculaba el trabajo de media intensidad a una buena salud cardiovascular. Su estudio emergió en ese contexto, favorecido por una sociedad americana muy sedentaria, por lo que su libro se extendió rápidamente y acabó por establecerse una correlación entre ejercicio aeróbico con ejercicio cardiovascular.

 

   Sin embargo, no se debería confundir el término que acuñó Cooper como "aerobics" para definir su programa de estudio con el término de aeróbico visto como la solución ante una ingesta calórica excesiva o una alimentación poco equilibrada.

 

   De ese estudio recogido en su libro deriva la idea actual de que para perder peso es necesario hacer ejercicio con las llamadas máquinas de cardio y desvinculándolo del trabajo de fuerza. Dicho estudio fue un paso fundamental para empezar a entender cómo el ejercicio físico podía contribuir a la mejora de la salud. Aunque Cooper se dejó fuera de la ecuación algunos factores que no tuvo en cuenta o tuvieron una interpretación sesgada de los datos llevados a la práctica con los grupos de estudio a los que aplicó sus investigaciones y tras lo que elaboró sus conclusiones y que dieron lugar a su libro.

 

   Una de las conclusiones de ese estudio fue que el ejercicio cardiovascular (Steady State o ejercicio de media- baja intensidad) era el más efectivo para perder peso, además de indicar que eran las grasas animales las responsables de la alta obesidad de la sociedad americana.

 

   Actualmente, la tendencia es apuntar al azúcar como responsable de esa obesidad. No obstante, todavía hay muchos factores que se dejan fuera a la hora de entender tanto la metabolización de los nutrientes por nuestro organismo como los sistemas que tiene nuestro cuerpo para utilizar todos esos nutrientes. 

 

   De ese modo, esa conclusión de Kenneth Cooper se ha establecido uno de los mitos más extendidos entre la sociedad acerca del ejercicio cardiovascular y la pérdida de peso.

 

   Esa solo es una parte de la ecuación, pero no es la solución metabólica. El exceso de calorias no es posible contrarrestarlo con el ejercicio físico de media- baja intensidad, solo como una forma fácil y rápida de conseguirlo, ya que de esta forma, solo conseguiremos frustración al no obtener los resultados deseados. El camino más adecuado es una alimentación equilibrada, junto con el establecimiento de hábitos de vida saludables.

 

   Con la recreación a través de las actividades colectivas o el ejercicio recreacional es posible conseguirlo, pero no sería tampoco la forma más adecuada metabólicamente.

 

   Ninguna de esas opciones (las actividades recreacionales o colectivas o el entrenamiento "cardio" de media- baja intensidad) sería ni la forma más adecuada ni la más fácil ni las más óptima si realmente se conoce cómo funcionan los ciclo metabólicos en nuestro organismo.

 

   Así pues, el ejercicio contribuye a mejorar la aguja homeostásica, incrementando la fuerza y metabolismo muscular y la sensibilidad a la insulina. Acompañado de una alimentación equilibrada y de un descanso adecuado. Esta sí sería la ecuación más ajustada. Como se comentó en otro post anterior, el ejercicio debe ser el justo y adecuado que genere una adaptación, más no es sinónimo de mejor en este sentido.

 

   Se estimula la musculatura desde la mitocondria con la lipólisis efectiva, es desde ahí desde donde se generan cambios metabólicos. Este debe ser el objetivo del ejercicio, es decir, mejorar el metabolismo de glúcidos y lípidos, no como una forma rápida de perder peso a través de un trabajo cardiovascular o Steady State, puesto que de esta manera no estaremos optimizando ni nuestros recursos ni nuestro esfuerzo y estaremos dejando fuera de la ecuación muchos factores más allá de que el cardio sirve para perder peso, algo desmontado desde los propios estudios de metabolismo mitocondrial. 

 

   Para conseguir esos procesos mitocondriales, es necesario elevar la intensidad por encima de lo que Cooper llamaba trabajo aeróbico, puesto que sino, muchos procesos no se producirán de la forma más adecuada y efectiva.

 

   Así pues, la actividad física recreacional o el trabajo con las llamadas máquinas cardiovasculares no debería verse como la forma de suplir una alimentación desajustada, sino que debería verse el ejercicio de fuerza como la forma en la que mis músculos pueden contribuir a un estado de salud más beneficio para mi. Es un cambio de concepto necesario si realmente uno quiere estar sano el mayor tiempo posible.

 

   Todo proceso de metabolización pasa por el músculo, por lo que para mejorar nuestra salud, hemos de hacer un entrenamiento que incluya al músculo y que lo estimule de una forma adecuada, segura y controlada.

 

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